Héroes de bata blanca

//“Estudié para ayudar a las personas, para poder sentir que puedo hacer algo por los demás” exclamó la jefe de enfermería Yuriam Ramírez.

 

 

Por: Alejandra Zúñiga

No necesariamente es su color favorito, se pierde en la mezcla de matices al escucharla reír o incluso cuando habla de su profesión. “Estudié para ayudar a las personas, para poder sentir que puedo hacer algo por los demás” exclamó la jefe de enfermería Yuriam Ramírez.

 

Camina con delicadeza, pero con pasos firmes y agigantados, tiene una estatura promedio y delgada. Es muy normal verla recorrer los pasillos del hospital, que por cierto, los conoce más que los de su propia casa.

 

Hace tres años se graduó de la Universidad SurColombiana con el título de enfermera. Durante ese tiempo, ha puesto en práctica su profesión en el hospital departamental San Antonio de Pitalito, con turnos en el día o en la noche, pero siempre con la satisfacción de ayudar.

 

Yuriam quería estudiar medicina, hizo el examen de admisión muchas veces pero no pasó. Un día recibió una llamada “mamita no se ponga triste porque no pasó, usted sabe que su papá y yo la vamos a apoyar en lo que usted quiera estudiar”. Esa frase ha merodeado siempre en su memoria. Con todo, la pasión por la salud le devolvió los ánimos y así fue como entró a estudiar enfermería. Con el tiempo se dio cuenta que podía ayudar más desde su carrera, al estar pendiente de los pacientes en hospitalización, en sala de espera o en urgencias, a estar al tanto de su proceso de recuperación.

 

Uno de los mejores momentos que tuvo la jefe de enfermería ha sido su infancia. “Jugaba a curar a mis muñecas y peluches, los llevaba al doctor para que les recetara remedios” Fue tan grato revivir esos momentos, que sus ojos brillaron y de su rostro emanó una grande sonrisa.

 

“Ella siempre ha sido muy cariñosa, risueña, creativa y muy filántropa. Quiere hacer más de lo que está a su alcance y eso es lo que la hace tan diferente”. Añadió Lucero Ramírez, su mamá.

 

Tiempo de resistencia

En Neiva vivía muy lejos de la facultad, su estadía siempre era inestable, por temporadas vivía con familiares; eso no era impedimento para ir a estudiar, las fuerzas que tenía se las daba su carrera, estaba estudiando lo que quería y desde su profesión sabía que podía ayudar a muchas personas y eso la hacía más feliz. Durante sus años de estudio en la universidad, la materia que más le gustó fue Cuidados al paciente en patologías crónicas; esta asignatura le enseñó a ser más humana, a ver lo feliz pero también lo dura que es la vida.

 

“Lo menos sobre llevable era estar lejos de mi familia, los primeros meses tuve mamitis, con el tiempo aprendí a estar cerca a pesar de la distancia. No estábamos tan lejos, nos separaban tan solo cuatro horas, mis papás en Pitalito y yo en la capital del Huila. Aun así durante cinco años nuestros encuentros se dieron dos veces al año, cada vez que culminaba el semestre”. Señaló.

 

Héroes sin capa

La jefe de enfermería  contó  que en su trabajo se encuentra a todo tipo de personas, buenas y no tan buenas, algunos pacientes hablan con voz de mando y se refieren a los trabajadores de la salud con esta frase: “Ha ustedes para eso les pagan”.

 

La profesional de la salud dio a entender que lo que el COVID 19 aterrorizó a la mayoría de personas, agrega que eso puede servir para que aparezcan otras enfermedades que son causadas por el estrés y la preocupación, por ende, la comunidad debe cuidarse con prudente temor y no con pánico.

 

“El rol en mi trabajo es cuidar y ayudar a los pacientes, administrarle medicamentos, estar pendiente de las órdenes médicas para acatarlas e informales acerca de cómo ha estado realmente cada paciente ya que enfermería tiene un contacto directo con cada usuario, también interactuamos más que con ningún otro personal”. Tener una cara amable, dar un trato humanizado y transmitir esperanza en medio de tanto caos es lo más importante en esta carrera.

 

Yuriam Ramírez añadió, que no tuvo miedo de ir a trabajar, no temía por su salud, porque sabía que estando en el hospital estaba ayudando a más personas a tranquilizarlas y cuidarlas. “Una vez más en sala de urgencias recordé la materia que tanto me gustaba en la universidad, fue como vivir mis años de estudiante y revivir mi vida universitaria donde anhelaba poder trabajar y poner en práctica todo lo que estaba aprendiendo” señaló con un pensamiento taciturno.

 

En su trabajo como en su casa se toman todas las medidas de salubridad para no contagiar a su familia o a sus pacientes. Debajo de la bata blanca, del tapabocas y de todos los implementos que usa en su trabajo, hay una mujer con sueños, con metas y propósitos, ayuda al prójimo sin pedir nada a cambio, cada mañana se levanta pidiendo por la salud del mundo, para que esta situación mejore pronto.

 

“La vida nos cambia de la noche a la mañana, después de esto nadie será el mismo, o por lo menos, eso se espera. Hay que aprender a valorar y a disfrutar de los momentos y descubrir el verdadero significado del amor, de la palabra familia y del estar siempre en las buenas y en las malas” añadió.